En los últimos años han aparecido nuevos medicamentos que pueden ayudar en el tratamiento de la obesidad. Probablemente has oído hablar de Wegovy o Mounjaro, dos fármacos que están generando mucho interés porque pueden ayudar a perder peso de forma significativa.
Aun así, es importante entender que no son una solución mágica. A largo plazo, solo funcionarán si se combinan con cambios de hábitos y una alimentación equilibrada supervisada por profesionales.
¿Cómo funcionan estos medicamentos?
Wegovy y Mounjaro pertenecen a una familia de medicamentos que imitan hormonas intestinales que regulan el apetito y el metabolismo. Ambos se administran mediante una inyección semanal. La diferencia principal es que Wegovy (semaglutida) actúa sobre el receptor de la hormona GLP-1, mientras que Mounjaro (tirzepatida) actúa sobre dos receptores hormonales (GLP-1 y GIP), lo que puede producir un efecto metabólico aún más potente en algunos casos.
Estas hormonas se liberan de forma natural después de comer y tienen diversas funciones:
- Aumentan la sensación de saciedad
- Reducen el apetito
- Ralentizan el vaciado del estómago
- Ayudan a regular el azúcar en sangre
Gracias a estos efectos, comer menos resulta más fácil, ya que la persona se siente saciada con menor cantidad.
¿Cuándo están indicados?
Estos medicamentos no están pensados para perder unos pocos kilos ni como solución estética. Están indicados en personas con sobrepeso asociado a problemas de salud como diabetes tipo 2, hipertensión, apnea o síndrome metabólico, y en personas con obesidad (IMC ≥ 30).
Se utilizan, o deberían utilizarse, solo cuando han fracasado previamente otros intentos menos agresivos de pérdida de peso, como el cambio de hábitos alimentarios y el ejercicio físico.
Siempre deben ser prescritos y controlados por un médico.
¿Qué riesgos tienen?
Como cualquier medicación, estos tratamientos también pueden tener efectos secundarios y no son adecuados para todo el mundo. Los más habituales son:
- náuseas
- sensación de plenitud o digestión lenta
- reflujo o acidez
- estreñimiento o diarrea
- vómitos ocasionales
- cansancio o falta de energía
Para evitar estos efectos, los tratamientos suelen comenzar con dosis bajas que se incrementan progresivamente.
Aunque son menos frecuentes, existen algunos efectos adversos potencialmente más graves que deben tenerse en cuenta:
- Pancreatitis (dolor abdominal intenso y persistente, náuseas y vómitos importantes)
- Problemas oculares
Ante estos síntomas es importante consultar inmediatamente con un profesional sanitario.
Por último, destacamos los riesgos a más largo plazo:
- la pérdida de peso se recupera si se deja el tratamiento sin haber realizado previamente un cambio de hábitos
- parte de la pérdida de peso es masa muscular, especialmente si no se acompaña de una alimentación adecuada y ejercicio de fuerza
- alto riesgo de malnutrición y carencias nutricionales (derivadas de una baja ingesta y una dieta poco equilibrada)
¿Cómo debo comer si tomo esta medicación?
Una de las cosas más importantes cuando se utiliza este tipo de medicación es evitar comer demasiado poco o de forma desequilibrada. Por eso es clave priorizar:
- Proteína suficiente: Ayuda a preservar la masa muscular y aumenta la saciedad.
- Verduras y fruta cada día: Aportan fibra, vitaminas y minerales necesarios para evitar carencias.
- Grasas saludables: aceite de oliva virgen extra, frutos secos, aguacate, pescado azul…
- Comer de forma regular, lentamente y en pequeñas cantidades
¿Cómo evitar el efecto rebote?
Uno de los grandes retos de estos tratamientos es qué ocurre cuando se deja la medicación. El estudio más reciente y exhaustivo sobre este tema, publicado en The BMJ en enero de 2026, confirma que la recuperación es rápida y generalizada.
El estudio de la Universidad de Oxford, que analizó datos de más de 9.300 participantes, indica lo siguiente:
- Retorno al peso inicial: los pacientes recuperan el peso de partida entre 1,5 y 2 años después de dejar la medicación.
- Pérdida de beneficios: no solo se recuperan los kilos, sino que los marcadores de salud (colesterol, presión arterial y azúcar en sangre) vuelven a los niveles previos al tratamiento.
- El efecto rebote es más rápido que con métodos basados exclusivamente en cambios de hábitos.
Si no se han cambiado los hábitos y/o seguido un tratamiento psicológico, es prácticamente seguro que se recuperará el peso perdido.
Para reducir este riesgo es BÁSICO aprovechar los meses en los que se toma la medicación para tomar conciencia de dónde fallaba nuestra alimentación, cuáles eran los principales obstáculos y cómo abordarlos. Será necesario trabajar en:
- aprender a gestionar el hambre y la saciedad
- construir una alimentación equilibrada y sostenible
- mantener actividad física regular
- preservar la masa muscular
Los medicamentos pueden ser una herramienta muy útil en casos concretos, pero no sustituyen la educación nutricional. El objetivo siempre debe ser construir un estilo de vida que se pueda mantener a largo plazo.
Si estás pensando en tomar esta medicación o ya lo haces y quieres que te ayudemos a cambiar tus hábitos, contáctanos y estaremos encantadas de ayudarte.
